11/05/2017

JOSÉ SÁNCHEZ ROJAS (19) - PÁGINAS AUTOBIOGRÁFICAS -EL ADELANTO



"Insólita fotografía del bohemio escritor, hacia 1918"
Julián Moreiro Prieto - (1984)
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Blog 'Entre el Tormes y Butarque' (recogido en su Archivo)  


CRÓNICAS DE SÁNCHEZ ROJAS
PÁGINAS AUTOBIOGRÁFICAS

"La gerencia de una gran revista americana, nos ha invitado a media docena de escritores españoles a trazar nuestras autobiografías. Yo he escrito, enviado y certificado la mía, hoy. Me interesa que se conozca en Salamanca; estas páginas dicen así:

“Apenas si yo me llamo Pepe. Nací…iba a decir el año en que nací, pero los escritores, como las mujeres, no tenemos edad, o como decía Cánovas, tenemos la edad que ejercemos. Nací, digo, de una familia castellana, en un pueblo histórico de la provincia de Salamanca, expulsado con dos meses y medio de anticipación del vientre de mi madre. No soy siquiera sietemesino, y dicen los que me vieron que era tamaño como un conejito, feo, sin las uñas formadas y apenas con cuero cabelludo. Un verdadero mónstruo. Me dieron agua de socorro y, la vida de mi madre y la mía, pendientes estuvieron de un hilo, hasta dos meses y medio después, en que empezó mi verdadera formación fisiológica. Pero luego fui rollizo y muy mamón –mamé cerca de dos años y medio, según las crónicas-, y de una voracidad insaciable. No fui nunca niño precoz, como os cuentan otros colegas que lo fueron ellos, sino muy lento y bastante tímido. A mi madre la llamé siempre “tata”; a la rolla Lorenza, “Ina”; a la leche, “michi”, y al chocolate, “tate” o “tete”, según el humor que tenía en abrir la boca.

Me llevaron a la escuela creo que a los cuatro años. Allí tampoco se guarda recuerdo de que asombrara a nadie. Pero quise al maestro -¡pobre don Nicolás Caballero Blázquez!-, con todas las veras de mi corazón de niño. Don Nicolás  (*)  me regalaba continuamente libros, estampas, caramelos. Mi primer examen lucido me valió un dominó de pastillas de chocolate que me regaló mi padre. Aquel año presidió los exámenes el alcalde de Alba de Tormes, don Pedro Canto, que me quería mucho y que me preguntó lo del templo de Sansón con lo de la cabellera de Dalila, los ríos de España y la Salve. Yo no quise pedirle permiso para ciertos menesteres urgentes y de menor categoría que me apretaban de verdad, por miedo a que creyera una deserción lo que era simplemente urgente menester, y mantuve la línea de fuego –o de agua- en el campo de batalla. Fui soberbio y meón al mismo tiempo.

De aquella escuela me llevaron a la de otro pedagogo que me tiraba de las orejas y que rompía las varas de fresno sobre mis costillas de niño de siete años, hasta que mi padre se cuadró, poniendo coto a las demasías de aquel ilustre majadero, bien avenido con los retoños de los ricachones, a los que adulaba.

A los diez años empecé el bachillerato. Recuerdo a un cadete que hablaba con su novia, una rubia muy guapa, en la muralla de Ciudad Rodrigo, cerca de la ventana de mi cuarto, y al santo abrigo de la ciudad; eran amigos de mi padre. Aprendí muy bien Historia natural, Psicología y francés, y me aficioné grandemente a la lectura. Aún recuerdo con emoción unas novelitas blancas, editadas por el Sr. Máme de Tour, que me regalaba mi querido profesor de francés, D. Perfecto S. Benito, un clérigo liberal y simpatiquísimo, lleno de inteligencia y de cordialidad.

Pude verle unos días antes de morir, hace cinco años, en el Palacio Episcopal de Palencia, cuando salí de la Prisión militar de Oviedo,(**) y nuestra última charla fue lenta, triste, y por su parte, augusta y majestuosa como una puesta de sol. ¡Pobre perfecto!

En Ciudad Rodrigo pasé cinco años, hasta los quince. A los catorce me gustó una muchacha. A los quince me hicieron bachiller y fumé los primeros pitillos. Luego, en la Universidad de Salamanca, me crié a la vera de D. Pedro Dorado Montero. Y el diablo me apuntó la horrenda idea de escribir. El poeta Cándido Rodríguez Pinilla fue mi sabio y discreto maestro en las primeras andanzas. Mi primer artículo lo publiqué en una revista de niños luises, “El Estímulo”, y mi primera conferencia, a los dieciséis años, versó sobre “Las novelas de José María de Pereda”. Y mi vida de escolar en Salamanca, fue deliciosamente inquieta.


¡Días dorados aquellos, reja del primer amor que no se olvida, amistad de Cándido, de Paco, de Marcelino, de Fernando, de Julio, de Luis, de José María, de Filiberto, de don Miguel: habéis sido el faro en las horas de tinieblas y la fe que me ayudaba a subir la cuesta en los días de angustia! En unas asignaturas era el primero y en otras de los últimos!

Unamuno y Dorado me enseñaron a pensar y sentir. ¡Aquella cátedra de Derecho Penal, herrumbrosa, discreta, aquel hombre –nada menos y nada más que un hombre-  que andaba a cintarazos con las ideas para acallar el dolor lacerante de su corazón! ¡Don Miguel, los paseos de don Miguel, aquellos monólogos suyos preñados de pasión y de ideas, nobles, luminosos y claros! Salamanca es mi patria espiritual, ya que no fuera materialmente la de mi nacimiento, y en la ausencia reconstruyo sus facciones con el mismo diligente cuidado con que recuerda un ausente los ojos, y la boca, y los brazos de la mujer amada.

Conocí Madrid a la edad del pero –a los veintiún años-, hice bastantes sandeces, tiré mis afectos de mozo por la ventana y marché a Italia. En Italia –Bolonia, Florencia, Milán, Roma- consumí los no despreciables ingresos de mi padre, casi por completo. Estuve después en Suiza. Luego en París. Después recorrí España, casi por entero. Muerto mi padre, comenzó una vida muy dura para mí, que he concluido hace pocos meses. Literalmente, la cazurrería, la memez, la indignidad de los desocupados, de los envidiosos y de los melancólicos, me echaron del pueblo en que nací. Cometí varios delitos; no robé. Durante un año que ejercí la abogacía, no reconocí ninguna superioridad en los botarates  que viven de la renta, de la usura, o de la ganzúa. Pero, ¡bah!, aquello pasó, y paisanos tengo como don Luis de Zúñiga y otros amigos, no llegan a cuatro, a los que me unen los afectos más hondos, duraderos y leales.

¡Y he vivido, queridos amigos míos, he vivido…que no es poco! Gracias a una campaña mía, dos inocentes fueron indultados de dieciséis años de presidio, contra la labor subterránea de un escribano, la inconsciencia de un juez y el desahogo de un curialillo, paisano mío, que se atribuía las gestiones que Eudoxio de Castro y yo efectuábamos en Madrid. Gracias a mi tenacidad, se celebró en 1914 el Centenario de la Beatificación de Santa Teresa en Alba de Tormes. La política -¡a cualquiera cosa llamamos política!- de este pueblo, giraba en torno a mí, hace unos años. He podido ser diputado y subsecretario -¿a que no me desmienten ni Santiago Alba ni Francisco Cambó- Y no me ha dado la gana. Mi pluma no me ha servido jamás de grosería. No tengo más que reclamaciones públicas y confesables con los cajeros de los muchos diarios y revistas en que ahora, asiduamente, colaboro, y que me dan desde hace unos meses para vivir con decoro.

A medida que pasa el tiempo, tengo aspiraciones muy modestas. No creo en la gloria; no me gusta María Guerrero; no leo a Raírez Ángel, a Hernández Catá, a Carretero, a Belda. Me cargan los literatos –con las excepciones consiguientes- porque son bestezuelas inmundas, llenas de vanidad y de estupidez. Prefiero la amistad de gente sencilla y buena. Mis aficiones, los viajes, los libros; las cuartillas. También me agrada conversar –y converso mucho- con mujeres guapas.

Cuando mis amigos me suponen contento, no saben que daría todo mi nombre, si alguno tuviera, por un hogar modesto, por unos ojos de mujer honrada donde pudiera contemplar lo infinito, y, sobre todo, por tener cerca de mi corazón o de mis manos, la cabellera de un niño, o mejor aún de una niña, que pudiera deshacer en silencio y con deleite. Y para lograr esto, que es tan poco, y que sin embargo, es todo en la vida de gentes fundamentalmente afectivas, como yo, tenemos que luchar diez o doce años. Y al final de la lucha, cuando disponemos de un solar en el Hipódromo, cerca de la Castellana y el arquitecto nos trae los planos del hotel…advertimos que estamos solos y que a cuenta del fantasma de la popularidad, hemos ahuyentado la realidad de una ventura. Eso sí: no guardo espinas de los días de lucha y no quiero mal a nadie. Los bellacos de la pluma, los chulos del éxito fácil, los eternos filisteos, son hoy también mis amigos. Ahora les digo, confidencialmente que, como tenía fé en mi esfuerzo, no me quitaron el sueño ninguna noche. Los pobres se hirieron a sí mismos con las armas de su inconsciencia, de su ignorancia, de su desdén disimulado y envidioso…"

José Sánchez Rojas

A modo de comentario

He transcrito este artículo de Sánchez Rojas, porque nadie mejor que él podía explicarnos su personalidad.
Me llamó la atención esa imagen que repite en sus escritos:..."sobre todo, por tener cerca de mi corazón o de mis manos, la cabellera de un niño "...
En entradas sucesivas veremos el buen recuerdo que guardaba de su primera estancia de tres meses en Burgos -en 1912 -, como Registrador de la Propiedad interino, y de sus repetidas visitas, de las cuales dejó constancia en interesantes y poéticos textos.  

Notas
Para saber más de José Sánchez Rojas:

BLOG 'ENTRE EL TORMES Y BUTARQUE'.

(*) Entrada de mi Blog, en la que recogía un precioso texto de José Sánchez Rojas, en el que -años después de estas páginas autobiográficas- evocaba a su querido maestro Don Nicolás Caballero.
(**)pág. 47 SÁNCHEZ ROJAS - CRÓNICA DE UN CRONISTA: [1917]"Sánchez Rojas sufre un breve arresto durante el mes de septiembre y pasa algunas horas en la cárcel de Oviedo."
...Continuará


https://www.youtube.com/watch?v=9ZEGLS9YMJc
Canto de segadores
(interpreta Nuevo Mester de Juglaría)
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4/13/2017

SEMANA SANTA - 2017

(Tapiz reproducción -bordado sobre cañamazo pintado- 'Última Cena' de  Leonardo da Vinci)(*)

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A modo de comentario

Hoy revisando mis entradas con películas relacionadas con la Semana Santa, he encontrado videos nuevos subidos por usuarios de YouTube, y se me ha ocurrido poner los enlaces de los dos post que hice en mi blog de cine, hace ya tres años, con los programas de mano de :

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3/12/2017

SANTIAGO RODRÍGUEZ SANTERBÁS (3) REVISTA TRIUNFO: LA DOBLE MUERTE DE MI ABUELO NARCISO

En la fotografía:  
Portada Triunfo (reproduce trabajo de Nicolás Gless
y Sumario...


pág.128 

LA DOBLE MUERTE DE MI ABUELO NARCISO

                          Revista Triunfo - Núm. 9 y 10 - Julio/Agosto 1981
(páginas 128 a 132) 
«Quizás don Anselmo Pastrana, facultativo de la marina mercante y amigo íntimo del finado, hubiera podido explicar en términos científicos la doble muerte de mi abuelo Narciso. Pero el doctor Pastrana exhaló su último suspiro hace ya muchos años, y considero harto improbable que, de estar aún vivo, consintiese en dilucidar lo que no quiso o no pudo esclarecer a su debido tiempo.

Por otra parte, siempre rechazó con enérgica indignación la tesis de que mi abuelo hubiese fallecido dos veces en el plazo de nueve días  [...]

128 [...] Aparecieron los empleados de la funeraria y ayudaron a Saturia a vestir al difunto con un antiguo uniforme de guardia marina; luego, lo instalaron en un ataúd de caoba y satén acolchado, y pusieron entre sus manos un sable diminuto y sin filo que yo solía emplear en mis juegos. Mi madre se creyó obligada a tranquilizarme: «No te preocupes, hijo, cuando vayan a cerrar la tapa, te devolverán el sable

129 “[...] Pude oír, no obstante, al doctor Pastrana que murmuraba con regocijo: «Ah, Narciso, viejo putañero, estás más vivo que yo.» Vinieron de nuevo los empleados de las pompas fúnebres, y desmontaron deprisa y corriendo el deletéreo tinglado, pues no era prudente que mi abuelo recobrase el conocimiento y se viera embarcado en semejante piragua. De modo que fue conducido otra vez a la cama.[...]  

130 […] Por lo que a mí respecta dejé de lloriquear cuando hube rescatado el sable. Acudió prontamente el médico del piso de arriba y afirmó que el caso podía ser calificado de milagroso. Dicha aseveración indujo a tía-abuela Engracia, repuesta ya de su desmayo, a sufragar un novenario de acción de gracias en honor del bienaventurado San Narciso, obispo de Jerusalén, cuya próxima festividad habría de coincidir con el nonagésimoséptimo cumpleaños de mi abuelo Narciso. Respiraba éste serena y pausadamente, pero no volvía en sí, ni despegaba los párpados. Su piel continuaba teñida de amarillo; no era un amarillo pajizo o desvaído, sino un jalde esplendoroso, levemente anaranjado, como el de las yemas de los huevos. Obedeciendo las instrucciones del doctor Pastrana, y a fin de evitar que mi abuelo padeciera un violento sobresalto al recuperar sus facultades perceptivas y comprobar que su piel había captado tan singular tonalidad, Saturia fue a la papelería más cercana y compró varios metros de celofán amarillo, con los que recubrimos los cristales de miradores y ventanas y las lámparas de las habitaciones en las que previsiblemente hubiera de entrar el enfermo. Y así, mi casa adquirió un colorido fantasmagórico y teatral, ya que, por efecto del celofán, los objetos azules tornáronse verdes, los rojos y parduscos cobraron matices azafranados y los que eran más o menos blancos o incoloros, como los vasos de agua y los rostros de las personas, se vieron dominados por la ubicua irrupción del amarillo, hasta el punto de que los andares pasicortos de Saturia se me antojaban análogos a los de ciertos sicarios del doctor Fu-Manchú que, dos o tres semanas antes, había visto desfilar por la pantalla de un cine de sesión continua, y la tía abuela Engracia, con sus gafas redondas y sus ojillos diminutos y rasgados, más me parecía un viejo mandarín enfrascado en un libro canónico de Confucio que una decrépita solterona que releía por enésima vez las Vidas de santos para todos los días del año y explicación de las fiestas movibles de don Joseph Miguel de Sarasa. Afuera llovía, y el cielo era gris plomizo; pero, a través de las ventanas, atisbábamos un cielo azufrado, y la lluvia se había convertido en zumo de limón.[...] Sólo el doctor Pastrana nos visitaba a diario; venía precedido por el espantoso aroma de su pipa y, al penetrar en el vestíbulo, me propinaba un cariñoso pescozón y mascullaba: «Aquí me tienes, grumete, ¿hay alguna novedad a bordo?»[ ..] Sacudía el paraguas sobre la alfombra, colgaba el abrigo en el perchero, se encaminaba al dormitorio de mi abuelo y emitía desde la puerta un tronante saludo: « Hola capitán, ¿cuándo salimos del calmazo?» Aunque mi abuelo (pensaba yo) no podía oírlo, don Anselmo Pastrana se sentaba a la cabecera de la cama y pronunciaba interminables monólogos sobre temas y sucesos que a menudo distaban mucho de ser edificantes. Nadie, sin embargo, me prohibía escucharlos, porque las posibles censoras se hallaban ausentes y el propio doctor Pastrana, barruntando que a mi edad poco había de sacar en limpio de sus pláticas, no se recataba en utilizar vocablos que mi madre no hubiera dudado en conceptuar de licenciosos. El anciano facultativo de la marina mercante desgranaba con palpable delectación recuerdos pretéritos e imágenes remotas; mi abuelo, por su parte, no debía estar absolutamente privado de facultades auditivas, pues parecía curvar los labios en una tenue, placentera sonrisa. Suspiraba nostálgico el doctor Pastrana. « ¿ Te acuerdas, Narciso,. [...]»

[...]Ahora estoy seguro de que don Anselmo Pastrana no se dirigía tanto a mi abuelo Narciso como a mí, pues era sólo un pobre viejo que deformaba los recuerdos y se complacía en fraguar inocuas fechorías ante un auditorio benévolo, mudo y bañado de luz jalde . Y en consecuencia, a medida que pasaban los días, los relatos se iban colmando de personajes fabulosos y apócrifos que durante muchos años habrían de poblar mis sueños infantiles.  [...] En aquella galería de fantasmas abundaban, como he dicho, las hipérboles y las mentiras piadosas; pero nadie impugnaba su autenticidad, porque, a fin de cuentas, todo podía ser verosímil en una casa amarilla habitada por un resucitado y un niño. El doctor Pastrana encendía su pipa con parsimonia: «No conociste, Narciso, al maharajá de Needakara? Era un príncipe culto y poderoso, aunque algo excéntrico [...]



pág.132


[...]Fui llamado a su presencia porque había sufrido, con ocasión de una cacería de tigres, la mordedura letal de una cobra. El maharajá agonizaba en un aposento recubierto de marfil y jade, y en su delirio recitaba fragmentos del Meghaduta de Kalidasa. Logré arrancarlo de los brazos de la muerte [...] Entonces, me regaló un anillo de oro con una piedra tornasolada que variaba de color cuando se aproximaba cualquier desgracia. ¿No recuerdas, Narciso, el anillo del maharajá? Tuve la desgracia de perderlo durante aquel tifón que nos zarandeó al oeste de Macassar...» Al caer la noche, se oscurecía, como la gema del príncipe de Neendakara, el tono azufrado de las ventanas, y la sonrisa de mi abuelo se hacía imperceptible; encendíamos las bombillas forradas de celofán, y el doctor Pastrana, después de tomar el pulso a mi abuelo y examinar una vez más el oceánico verdor de sus ojos, se incorporaba, salía de la alcoba, avanzaba lentamente por el pasillo y, mientras se ponía el gabán murmuraba: «Adiós, grumete, vigila bien el puente y la toldilla.» Sus pisadas se perdían en la escalera. Y el silencio reinaba por completo en la casa. hasta que, a eso de las nueve o nueve y cuarto retornaba la primera de las fugitivas [...] Cenábamos deprisa, sin hablar apenas, y, al concluir, tía-abuela Engracia sacaba de un musiquero las Vidas de santos para todos los días del año y explicación de las fiestas movibles de don Joseph Miguel de Sarasa, limpiaba sus gafas con el borde de la servilleta, calábase aquéllas y leía con voz temblona la biografía correspondiente a cada fecha: «Veintisiete de octubre. San Frumencio. Un filósofo llamado Metrodoro, movido por la curiosidad de ver tierras y conocer el mundo, emprendió varios viajes y llegó a Etiopía. A su vuelta presentó al emperador Constantino perlas y pedrería de grande precio. A su ejemplo, otro filósofo natural de Tiro, llamado Meropo, emprendió el mismo viaje, y con el mismo motivo [...] » Todos permanecíamos callados, oyendo o aparentando oir a tía-abuela Engracia. Pero qué me importaban las vidas de San Frumencio, San Crispiniano o San Teodorito, muertos hacía tantos años, si en los mares del Oriente aún había piratas y enanas hermosísimas y ciegos capaces de tripular un barco? ¿Qué valían las perlas que trajo el filósofo Metrodoro en comparación con la piedra adivinatoria que el maharajá había regalado al doctor Pastrana? No me atrevía, sin embargo, a interrumpir con mis anatemas la lectura de tía-abuela Engracia [...]

[...]Aquella misma noche, la casa, liberada del maleficio del celofán y la fluorescencia, dejó de ser amarillenta y tía-abuela Engracia leyó con voz más temblorosa que nunca la vida de San Narciso. Al día siguiente, cuando los empleados de la funeraria cerraron la tapa del ataúd, olvidaron devolverme el sable.» S.R.S.

Madrid, mayo 1981




Revista Triunfo - julio/agosto 1981
y algunos de los libros de Santiago Rodríguez Santerbás
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A modo de comentario 

Santiago Rodríguez Santerbás, en este relato -que apareció en el Número doble de Triunfo, julio-agosto 1981-, hizo una demostración de su arte de escritor y de su humor.

En esta Revista se pueden encontrar, publicados, al menos ciento cuarenta y cuatro artículos. Ya hablamos en anteriores entradas del excelente trabajo que dedicó al músico burgalés Antonio José, el 25 de diciembre de 1971de Jorobita,  y del cuento La doncella y el unicornio.

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NOTA
(Añadida 29 de abril 2017)

Recuerdo que Agustín Merino nos decía en su libro: 'VEINTICUATRO MIL DÍAS EN BURGOS':
 (pág. 216):[En el Principal]...”Fueron sesiones típicamente infantiles, en la que vimos hasta saciarnos, todos los episodios del malvado Fu-Man-Chu” [...] Hay personajes tan grabados de mi infancia, que no se borraron jamás.” 


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2/12/2017

ÁNGEL BARJA (2)

12 de Febrero de 2017
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En su XXX aniversario, quiero dejar mi pequeño homenaje a ÁNGEL BARJA, y un abrazo a su familia.
Hace tiempo, en Hemeroteca de la Revista RITMO, encontré unas páginas (42-43) escritas por él.
Sumario
pp. 42-43 Ángel Barja


En el mismo ejemplar Núm.556 mes de Junio 1985-, 'LA MÚSICA EN CANTABRIA'
había un magnífico artículo: (pág. 95) Músicos del siglo XX, -firmado por Ramón Barce-, dedicado al músico burgalés Antonio José.

Dos excelentes músicos y personas, que merecen sean bien reconocidos sus trabajos.



pág.42
p.43

Transcribo algunos de los párrafos de ÁNGEL BARJA (inicio y final del texto- páginas 42-43), en los que se puede apreciar su saber y su amor por la música, su sencillez y... hasta su humor.:

pág.42 «Una de las experiencias inolvidables para el oyente habitual de conciertos es desplazarse hasta el Santuario de La Bien Aparecida, encaramado sobre las montañas de Ampuero, muy cerca de Laredo, y escuchar música en aquel cálido recinto. Desde 1969 se han celebrado -y siguen celebrándose- los más variados actos musicales, hoy conocidos en toda Cantabria y seguidos por un público numeroso, heterogéneo y hasta devoto, que viene de todas partes, atraído por el encanto de aquella soledad sonora.
[...]
Peregrinos en la Música

«Es sabido que J. S. Bach, en 1705, anduvo casi 400 kilómetros para escuchar a Buxtehude en Lübeck. A La Bien Aparecida se va con este talante devoto y apasionado de los perfectos amadores. El cuenco de paz iluminada que es la iglesia del Santuario, en contraste de espacios con el panorama variadísimo de valles y relieves que desde arriba se contempla con asombro, puede despertar en el visitante ocultas energías y casi olvidadas maneras de ver y de pensar más allá de todo.

El hombre de hoy necesita lugares como éste para acudir a ellos y liberarse de la esclavitud, cada vez mayor, a que está sometido, para encontrar de nuevo su hondísima capacidad de pensar, de crear o de mirar amigablemente el universo entero y los problemas del mundo que, desde allí, se ve precario, fascinante o dramático y donde está casi todo por hacer, a pesar de su larga historia. La música de Vivaldi, Albinoni o Bach suena allí como si no hubiera tiempo ni distancias, en toda la desnudez de su belleza, cobrando dimensiones cósmicas que nos la hacen creíble y amiga del hombre.

Entre las «notas de interés que figuran en todos los programas hay una que, por sí sola, es una muestra del rigor de las cosas bien hechas: «Todos los actos comenzarán a la hora en punto. Se supone que ni siquiera está permitido pinchar rueda durante la maravillosa subida a la montaña. ¡Chapeau! »
Continuará...


Notas
Ricardo Hontañón Acha, en  Revista RITMO, Núm. 576- abril 1987, pág.15 (En la muerte de Ángel Barja, el músico bueno) 
Emilio López de Saa - Revista RITMO, Núm. 592, octubre 1988, pp.16-17 (El caso Ángel Barja: compositor gallego-leonés fallecido el pasado año)
Emilio López de Saa  - Revista RITMO, Núm. 602, septiembre 1989, pp.37-38 (Homenaje a Ángel Barja-El compositor gallego-leonés al disco).
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Ángel Barja XXIX aniversario -
El Grupo Vocal Lauda interpreta 'Canción de amigo' (Madrigales y canciones) de Ángel Barja
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1/21/2017

JOSÉ SÁNCHEZ ROJAS - JULIÁN MOREIRO PRIETO



EVOCACIÓN DE JOSÉ SÁNCHEZ ROJAS
UN ECO LEJANO
Cuadernos de la Biblioteca de Temas Albenses
(Cuaderno N.º 1)
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Cuando leí en 'Entre el Tormes y Butarque' sobre la publicación que la Biblioteca de Temas Albenses había preparado,   con motivo del 85º aniversario de la muerte de José Sánchez Rojas, pensé que ya sabía lo que iba a pedir en mi carta.
Y la víspera del día 6, recordé 'Esta noche pasan los Reyes Magos'
Y sí. Me trajeron el regalo, y al abrir el estupendo paquete, encontré:

.- un marcapáginas, con una frase del escritor albense: …”Soy un pobre hombre que a veces da por realizado lo que sueña y por soñado lo que acaba de realizar”

.- un cuadernillo de la obra de teatro ‘Un Eco Lejano’, escrita por Julián Moreiro -recientemente fallecido- . (Fue representada el día 29 de diciembre de 2016, por el grupo de teatro ‘Al Alba’, en homenaje a su autor que tanto había investigado, sabía y había escrito de José Sánchez Rojas)
.- un libro de 214 páginas,  artículos de José Sánchez Rojas,  reunidos bajo el título:


seleccionados -entre los 2.400- que tiene recogidos

Inicia con el soneto a Alba de Tormes… "A MI PUEBLO"

"Alba, sombras, iglesias, el castillo...”


(En sucesivos post iremos viendo y comentando los cincuenta y un artículos contenidos en los cuatro apartados de esta antología, después del estupendo Prólogo de Gerardo Nieto y Estructura y distribución de artículos)

1.- Recuerdos de niñez y adolescencia (15)
2.- Estampas y evocaciones albenses (13)
3.- Teresa, siempre Teresa (12)
4.- Leyendas, relatos y cuentos (11)
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'Un eco lejano'
(Volveremos a la obra de teatro, en la que se aprecia lo mucho que Julián Moreiro se había documentado, tanto del rector como de su discípulo, en sus años de estudio de estos dos grandes personajes.)

En la escena III, hay un diálogo muy interesante entre Sánchez Rojas y Unamuno.

Escena IV
(Pausa. Suena la primera estrofa de "La Estrella", cantada por Enrique Morente. UNAMUNO recoge las pajaritas y hace mutis.
[...]
Sánchez Rojas.- (Pausa. Pensativo) Algunas veces creí odiarlo. Una vez le grité desde las páginas de un periódico que saliera de mi corazón.  ¡Pero eso no era posible!...
Continuará...



La Estrella
Enrique Morente


11/06/2016

JOSÉ SÁNCHEZ ROJAS - ANTONIO MACHADO - JULIÁN MOREIRO-


Edición 1907
Librería de Pueyo -Madrid
(ediciones)
(imagen de internet: http://www.abelmartin.com/documen/ediciones/edic.html )
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CRÓNICAS DE SÁNCHEZ ROJAS
Al margen de unos poemas
Lectura de “Soledades, galerías y otros poemas”, el bellísimo libro de Antonio Machado, uno de estos días de fiebre y de catarro, en que nosotros mismos nos recetamos un día entero de dieta y un día entero de cama. Lectura obsesionante, detenida, desmenuzadora, de unos poemas que hemos leído de estudiantes y que tornamos a leer de hombres. Los años proyectan una luz nueva sobre las cosas, luz menos cruda que en los días de mocedad, menos deslumbrante, más velada, y, por eso mismo, más discreta, que nos permite ver mejor los matices, las perspectivas, los claros oscuros y las lejanías.
Este poema:
Llamó a mi corazón un claro día
con un perfume de jardín, el viento.
-A cambio de este aroma,
todo el aroma de tus rosas quiero.
-No quiero rosas; flores
en mi jardín no hay ya; todas han muerto.
Me llevaré los llantos de las fuentes,
las hojas amarillas y los mustios pétalos.
Y el viento huyó…Mi corazón sangraba… 
Alma ¿qué has hecho de tu pobre huerto?
Este poema, decimos, no puede sentirse, saborearse a los veinte años. Pero cuando se ha roto el huerto del corazón, ¿acaso no lo saboreamos demasiado?

de sangre en nuestro pecho
que pasa…y sonreímos
y a laborar volvemos.

A laborar, a sonreír -querido Antonio- y, sobre todo, a esperar, a esperar siempre la oleada de sangre que pasa. Otra vez desesperanzados, tornamos al refugio de tejer nuevos pensamientos, de paladear silenciosamente sensaciones nuevas. Y otra vez la ola, que creemos que ha de ahogarnos definitivamente en el mar de lo imprevisto. Pero el ritmo acelerado cede el paso al normal. Y así siempre, siempre. Y el día del proyecto eterno, la víspera del gran día, cuando íbamos a lograrlo, cuando tocábamos la meta con las manos, llega la muerte…
De toda la memoria sólo vale
el don precioso de evocar los sueños.
Y no pudiéramos evocar, es decir, recordar y resucitar los sueños, no podríamos vivir, la vida es un cañamazo de recuerdos, de cosas pasadas, porque el momento presente no existe jamás y el futuro sólo vale mientras nos sirve de andamio para la esperanza. La memoria borra y pierde lo anecdótico, lo subalterno, lo inútil, para dejar el gesto. Memoria es siempre evocación y lo que no sabemos evocar, no existe porque se murió en el olvido.
¡Oh, angustia! Pesa y duele el corazón…¿Es ella?
¡No puede ser! Camina…¡En el azul, la estrella!
¡Y cómo pesan y cómo duelen las ideas dentro del corazón, poeta..! Pero nada se detiene en la vida, nada. Caminamos, y con nosotros, las personas y las cosas que nos rodean. ¿Ella? ¡No, no puede ser! Subió muy alta, muy alta, se remontó a los cielos, mientras nosotros dábamos tumbos en los baches de la calzada. Subió muy alta, robó la luz de los luceros, y se confundió con ellos al amanecer. Es aquella estrella tan alta que no nos ve, pero nos alumbra. Y esperamos ansiosamente la hora del alba para verle brillar y desaparecer, estrellita saltona, por el espacio azul…

¿Eres la sed o el agua en mi camino?
Dime, virgen esquiva y compañera.

La virgen esquiva no te contesta jamás, Antonio. ¿Sed, agua? Una cosa y otra, las dos cosas a la vez, amigo. Los labios refrescan cuando se tiene fiebre; queman cuando se brama de pasión. Y como los labios, los ojos de las vírgenes. Sino preguntamos, responden; si anhelamos una palabra, permanecen eternamente unidos. Sed, agua; reposo, combate, paz, inquietud…¿quién sabe jamás lo que nos traen al camino de la vida las vírgenes, compañeras y esquivas?
JOSÉ SÁNCHEZ ROJAS
Madrid, Enero 1925 
(El Adelanto: Diario político de Salamanca- Año XLI Número 12470 15 de enero 1925- pág. 3) 
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A modo de explicación
en
Colliure.
y se me ocurrió preparar esta entrada.
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- Homenaje a Antonio Machado -
Jesús García Moreno
Joan Manuel Serrat
Enrique Morente
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Para saber más de José Sánchez Rojas:

BLOG 'ENTRE EL TORMES Y BUTARQUE'

https://dl.dropboxusercontent.com/u/5892527/Jose_Sanchez_Rojas/Almargendeunospoemas.pdf

(publicado en EL ADELANTO 15 DE ENERO 1925)
Se pueden localizar las entradas dedicadas,

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Del mismo modo, en mi Blog Penélope aguarda en Ítaca 

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